Aquí la cosa varía. Primer año en Colombia

22 May

Cali, Barrio San AntonioCada vez que me abren una puerta pienso que están allí, “¡Sorpresa!”. Es bonito vivir de ilusiones, pero mejor que eso es que se cumplan. Y se realizarán. Quiero que llegue Junio, Agosto y ni os cuento, Navidades para tenerlos aquí, con el fin de que conozcan la tierra de la que me enamoré.

No tengo que decir más veces lo feliz que soy. Se ve, pero confieso que la distancia es dura, muy dura en algunos momentos. Puedo decir que es lo único malo de haber emprendido vida en Bogotá.  Mi familia, lo que más quiero, la tengo a 10 horas de avión. Largo. Sé que están ahí, pero aunque no lo creáis a diario les pienso, recuerdo anécdotas que me hacen sacar una sonrisita y vivo con las ganas diarias del día en que vuelva a verlos. Bendito Facebook, Skype y Whats App. Me permitís sentir sobrepasar cualquier barrera.

Mis amigas asientan sus vidas a la madrileña, me sorprenden con su retos profesionales y alguna me da la super alegría de ser mamá. Emocionante. Muestra clara que ya no somos las niñas del cole, ni las adolescente que dejé al poco de irme a Inglaterra. Cómo pasa el tiempo… Y parece que fue ayer… ¡Las horas son minutos!.

Precisamente esta semana, exactamente el 20 de mayo, cumplí mi primer año en Colombia. Como comentaba en otro post, “sigo enamorada”. Quiero a este país, a su gente y su filosofía. Me guío por corazonadas y así fue. Lo sabia. Seguí los impulsos para que Colombia fuera mi segunda casa. Me río de todos aquellos que me decían que no iba a ser capaz de hacerlo. Pues aquí me tienen con nuevo trabajo, nueva casa y nueva compañía.

Tengo grandes retos y planes por llegar. Vivo más tranquila o al menos trato de hacerme al ritmo que aquí toca. Lo cual me ayuda física y psicológicamente. Mi nervio (todos lo conocen) me acompaña en situaciones, pero si no es que no sería yo. ;).

Creo que en estos 12 meses he vivido de todo. Al principio con prisas y adrenalina pensando que no tenía tiempo de conocerlo todo, y pasados unos meses con el gusanito de que aquí me quedo y ya tendré tiempo de visitar  los rincones más escondidos del país. Pendientes están Amazonas, los Llanos y el Eje Cafetero. Lo demás está casi todo descubierto.

Otra lección aprendida, además de la trabajar por tus sueños (el mío únicamente ser feliz), es que la gente te quiere porque tú les quieres. En España ya entraba mal. “¿Hola, por favor, me da?”. Aquí la cosa varía, sonrisa grande “Aló Sr. Cómo le va? Quiubo? Qué más? Me regala por favor…”. La predisposición, las formas y las ganas es lo que hace al colombiano más feliz. Sonríen, se quejan poco (o menos que los europeos) y los que trabajan lo hacen muy bien.

No me siento para nada un ‘española invasora por crisis económica’. Como dice un gran amigo venezolano, soy una europea nacida en el lugar equivocado, mi alma estaba en Latam. Aquí llegué en son de paz y al son de la música vivo Colombia, por eso la gente me acogió tan ricamente.

La verdad que tendría miles de detalles que contaros. De anécdotas y situaciones inolvidables que me han pasado. Las dejaré cuando os vea. Os adelanto que algún día llegaré a coordinar mis pies para enseñaros a bailar, os trataré de usted, e incluso os diré, su merced. Mientras, algunos colombianos me siguen diciendo que aún no me he hecho a la lengua. Lo intento, pero creo que de algunos lugares me voy sin que me entiendan del todo. Por no hablar de la palabra censurada aquí (culo) que está siempre en la punta de mi lengua, tanto que en medio de una reunión, tan ancha, le digo a todos los oyentes, “me quedo con el culo al aire“. Imaginaros el show y lo que pudieron pensar… ¡A ver, eso es muy mío!, y no hablo del trasero si no de la expresión. Me entra la risa.

Lo que sí es verdad que cuando hablo con Madrid sólo me sale, Listo, chévere, y muy muy bacano. Se rien. Tan taaaan divina. Divina como mi vida, mi vida colombiana.

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Resultado de 9 meses y culpable de que me quede en Colombia ;)

22 Abr

http://www.noticiascaracol.com/economia/video-321242-oportunidades-de-inversion-colombia-portada-de-diario-estadounidense

Paréntesis inglés (Bristol, Stamford, Londres)

28 Dic

Creo que nos las hemos pasado toda la vida de un lado para otro… Veranos, Semanas Santas, Navidades y demás festividades cada vez un punto… Antes la familia estaba divida norte y sur de España… Desde Madrid, km 0, salía todo… Ahora sigue siendo la posición de partida, pero a Europa… Ni más ni menos que siete Navidades a la inglesa… Parece que fue ayer cuando cogimos el primer vuelo a Bristol.

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Ahora es otra cosa. Es increíble lo que puede llegar a mover una enana que apenas tartamudea nuestros nombres… Martina, algún día te mostraré aquello que escribí sobre ti, esas millones de fotos que llenaban las memorias de nuestros móviles y los miles de vídeos grabados esperando a que bailaras como tu madre y tu tía que sin vergüenza se movían espectantes a que tu las imitaras… Todo para que luego, yo, y sólo yo disfrutara sola con el burrito sabanero. Siento quemaros pero me hacía transportarme con vosotros a unas Navidades colombianas.

Ni que comentar acerca mi gordita favorita, Martoide. Más duro este año que ningún otro, tú a Bristol y yo a Stamford. La pequeña ya lo sabes… Nos ha absorbido. Pero no me preocupa, algo me dice que muy muy pronto nos encontraremos en un lugar muy muy chévere. Sólo hay que descubrirlo.

De vuelta a los madriles le doy muchas, muchas vueltas a la cabeza. Tantas que me he desencantado con esa educación inglesas, esos modos tan poco latinos. “Too polites” pero dónde está la magia??? Desapareció. La próxima, firmo, será con jamón, gambitas y pescaito rico en mi querida tierra, España. Prometido.

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Cartagena

18 Nov

6 meses enamorada de todos y de ninguno

18 Nov

Con Fonseca de fondo, Carlos Vives en mi cabeza y la felicidad de Celedón acompaño mi momento para contar una de las mejores experiencias vividas, mi estancia en Colombia. Un reportaje socioeconómico me trajo aquí hace seis meses. Parece que fue ayer cuando puse el pie en Cali.  Me enamoré. Uno de los lugares donde gente más humana he conocido. Como dice el himno, “si el sol alumbra a todos, justicia es libertad”. Así me siento en Colombia, llueva o brille estoy como el sol, con energía desde el primer tinto de la mañana.

Dios me ha puesto una estrella desde que llegué para conocer a personas maravillosas. Es difícil de explicar el sentimiento que tengo viviendo aquí, viajando de un lado para otro, reuniéndome y conociendo a gente de todos los estratos. Cada uno se convierte en un amigo, ya sea el más alto funcionario público al zapatero que limpió por último día mis zapatos. Ni que decir cada uno que me vende esos vasitos de plástico de fruta dulce. Delicioso. Esto atrapa. Salgo a la calle y tengo una sensación de felicidad indescriptible. Por supuesto que Colombia tiene mucho que crecer y perfeccionarse, pero me duele que la idea que se transmita al mundo sea de inseguridad. Aprendí a que no hay que dar papaya. Ello define mucho a la gente. Puedo sentarme con personas poderosas, pero a diferencia de otros magnates del mundo, el colombiano es sencillo, cercano, educado, trabajador, amable y muy hospitalario. Como siempre hay de todo,  pero aquí destacan por características que no he visto en otros lugares del globo. Quizá tenga que viajar más.

Se desviven por el extranjero. En mi caso, seduzco. Y no hablo físicamente, aquí las mujeres son bellas, sino por mi acento. De cuántos taxis me he bajado escuchando “me encanta como hablas”. Y siempre digo lo mismo, “a mi me encantan ustedes”. No sin antes aprender nuevo vocabulario. Qué pena contigo. Dejé de decir “móvil” para hablar de celular, ahora me regalan y pasé mis cenas a mis comidas. Y hablando de comer… Kilos y kilos de felicidad. Eso ha sido lo que he ganado. En cada lugar de los que he viajado, Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Islas del Rosario, Arauca, Saravena, Chiquinquirá, Villa de Leyva, Girardot, Melgar, Bogotá, Medellín, Cali, Buenaventura etc. he probado una delicia nueva, y lo mejor es que cada lugar, cada rincón supera al anterior.

Todavía miro atontada los puestos de venta ambulante, los carros tirados por caballos, el servicio de minutos telefónicos y sobre todo la rumba. Comer y beber. Todo unido. El mejor método para sobrellevar el guaro. Disculpen ustedes, pero algo no me tenía que gustar, y es que el aguardiente crea pérdidas de memoria, aunque he de reconocer que fue mi primer aliado para soltarme. Mis pies se deslizaban al son del vallenato, la cumbia e incluso la champeta. Súper. Ahora por fin sé dejarme llevar, consiento que me estrujen y que no corra el aire entre dos cuerpos. Algo muy lejano en la pista de baile española. Algún día llegaré hasta el joropo.

Nadie me paga, nadie me compra. Me enamoré de todos y de ninguno. De su tierra en su conjunto. Y aprendí como decía la canción que, qué bonita es te vida con aguardiente y tequila.

Movilización futbolera

11 Oct

Como no podía ser de otra forma, el fútbol paraliza un país. Hoy Colombia se juega su entrada al Mundial. Dedos cruzados, ciudad vestida de amarilla, alegría y mucha afición. Imagen